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El hombre mantiene una posición erecta, es decir en equilibrio,
gracias a la adquisición instantánea de numerosas informaciones por
parte de nuestro organismo; el aparato óculo-motor (vista), el
aparato vestibular (laberinto), el sistema propioceptivo (músculos y
receptores específicos) determinan las “correcciones”
infinitesimales necesarias a “compensar” las perturbaciones sobre el
equilibrio derivadas del ambiente exterior.
Desde hace tiempo se conocen las asociaciones que existen al
interior del aparato de la masticación, ya que la mandíbula está
guiada en sus movimientos por la posición de los dientes, y por la
articulación temporo-mandibular.
Los
músculos ejecutan esta función conectando la mandíbula directamente
al cráneo e indirectamente a la columna cervical.
La columna cervical participa de manera determinante al control
postural del cuerpo.
La articulación de la mandíbula está conectada a las estructuras
anatómicas que trasmiten los sonidos al cerebro, a los huesos del
cráneo, afectando sus movimientos.
En condiciones fisiológicas el esquema motor de la mandíbula se
produce de manera que no se sobrecarguen las estructuras articulares
mandibulares de sostén y, indirectam ente, los músculos de la columna
cervical. Esto significa que la oclusión dental y la articulación
temporo-mandibular deben de considerarse como variables clave en el
tratamiento de la columna cervical.
El movimiento de la mandíbula
tendría que producirse de forma isotómica libre, con esta enfermedad
la mandíbula adopta un esquema de movimiento “rígido” que no es
funcional y erosiona las estructuras, anticipando el envejecimiento
el resto del cuerpo y alterando las estructuras anatómicas
implicadas en la oclusión dental.
A este propósito es conocida la función fisiológica del bruxismo
nocturno que tiene que ocurrir sin destruir los dientes.
Estructura y función son indiscernibles: la terapia interviene en
todos los aspectos del problema. Oclusión dental, articulación
temporomandibular, cinemática mandibular, postura.
La postura mandibular alterada y la hiperactividad de los músculos
masticadores determinan un desequilibrio mandibular, al que sigue un
acomodamiento postural compensatorio de los músculos
esternocleidomastoideo y trapecio.
Tal desequilibrio activa los porpioceptores, los cuales tienen
tendencia a efectuar una compensación determinando una anomalía
postural. La integración de estos síntomas ha sido recientemente
profundizada por investigaciones anatomo fisiológicas que han
permitido identificar la presencia, a nivel de la articulación
temporo-mandibular, de mecanoceptores encapsulados y ,en los
músculos masticadores, de husos neuromusculares. Tales receptores
envían informaciones sensoriales a los núcleos sensitivos
vestibulares de Desters y al cerebelo, desde el cual comienzan las
vías motoras espinales.
Según las adquisiciones más recientes, los factores traumáticos
macrotra umas o microtraumas (hábitos parafuncionales) están
considerados como una de las causas principales de desórdenes
cráneo-mandibulares.
Las alteraciones dentomáxilofaciales pueden determinar signos y
síntomas muy diferentes, cuales: dolor orofacial, o durante el
funcionamiento de los músculos masticadores, hipertrofia de los
músculos elevadores de la mandíbula, limitación o desviación de los
movimientos de la mandíbula, crujidos y ruidos al abrir y cerrar la
boca, algias craneofaciales, migraña músculo-tensiva, instabilidad,
otalgia, disfunción de la columna cervical, trastornos
somato-psíquicos e implicados de manera compleja en la fisiología
del sueño. La pérdida del soporte posterior en la oclusión dental
concurre de manera significativa en el roncar, fenómeno para el cual,
desde hace tempo, se han propuesto terapias.
Las sintomatologías ligadas a la región craneocervicomandibular
pueden surgir súbitamente o progresar en el tiempo con una
frecuencia e intensidad intermitentes. El órgano masticador está
implicado en numerosas funciones cuales:
deglutir, la fonación, el
equilibrio, la vista.
Restablecer una correcta posición mandibular determina la relajación
de los músculos esternocleidomasoideo y trapecio recuperando la
posición correcta de la cabeza y de la columna vertebral, y por lo
cual de la postura entera.
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